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    Crónica · Personal

    Algo rico y extraño

    Francis Drake pasó unos diez días frente a la Isla del Caño en marzo de 1579. Dejó un nombre, un informe firmado en Esparza y un tesoro que cambia de isla según quién lo cuente.
    27 de setiembre, 2026· 10 min de lectura
    Mapa de América de Abraham Ortelius, con el continente coloreado a mano, cartelas decorativas y el océano punteado
    Americae sive Novi Orbis, nova descriptio, de Abraham Ortelius (diseño de 1570): el Nuevo Mundo que Drake salió a asaltar. En la costa del Pacífico, pasado el cabo Blanco, ya figura una «Ins. de canno». Dominio público, vía Wikimedia Commons.
    La crónica en video (11:55), con mapas animados de la ruta de Drake, la barca de Esparza y la Isla del Caño. Verla en YouTube
    Escuchar el artículo11:49

    Narrado con voz sintética (Melissa, ElevenLabs).

    El 26 de septiembre de 1580 un barco pequeño y maltrecho entró en la bahía de Plymouth, en el sur de Inglaterra. Venía de dar la vuelta al mundo. Habían salido cinco barcos y unos ciento sesenta hombres. Volvían uno y menos de sesenta. Su capitán, un hombre bajo, ancho, de barba rojiza, no preguntó por su esposa. Preguntó a unos pescadores si la reina seguía viva.

    Si Isabel I había muerto, el capitán era un pirata con toneladas de plata española en la bodega y una cita pendiente con el verdugo. Si seguía viva, era un héroe nacional. Todo dependía de la salud de una señora de cuarenta y siete años.

    La reina estaba viva. El capitán se llamaba Francis Drake. Dieciocho meses antes había pasado unos diez días en Costa Rica, frente a la Isla del Caño, con esa misma plata en la bodega. De aquello quedan un nombre en el mapa, una leyenda de tesoro y un puñado de papeles firmados bajo juramento. Los papeles son lo mejor.

    Retrato al óleo de Francis Drake de pie, con barba rojiza, gorguera blanca y traje oscuro, junto a un globo terráqueo
    Francis Drake hacia los cincuenta años, pintado por Marcus Gheeraerts el Joven en 1591. National Maritime Museum, Greenwich. Dominio público.
    Retrato de Isabel I con vestido bordado de perlas; su mano derecha descansa sobre un globo terráqueo y al fondo se ven escenas de la Armada
    Isabel I en el Retrato de la Armada, hacia 1588. Los dedos de la reina descansan sobre América. No es un descuido del pintor. Queen's House, Royal Museums Greenwich. Dominio público.

    El oficio

    España pagaba sus guerras con la plata de Potosí. La plata bajaba de los Andes al Pacífico, subía en barco hasta Panamá, cruzaba el istmo a lomo de mula y seguía a Sevilla. Inglaterra era un reino pobre, protestante y sin una armada capaz de pelear de frente, así que privatizó la guerra: la Corona dejaba que capitanes particulares asaltaran barcos españoles y cobraba su parte sin mancharse los guantes. Los españoles llamaban a eso piratería. Los ingleses, política exterior. Los dos tenían razón.

    Grabado en madera de una montaña cónica rotulada Cerro de Potosí, en la página de un libro impreso del siglo XVI
    El cerro de Potosí en la Crónica del Perú de Pedro Cieza de León, Sevilla, 1553: la primera imagen impresa de la montaña de plata. John Carter Brown Library, vía Internet Archive. Dominio público.
    Retrato de Felipe II vestido de negro, con gorra negra y el collar del Toisón de Oro
    Felipe II, por Sofonisba Anguissola, 1573. El dueño de la plata. Museo del Prado. Dominio público.

    Drake aprendió el oficio con sus parientes, los Hawkins de Plymouth, que capturaban personas en África para venderlas en el Caribe español. En 1573, en Panamá, unos cimarrones (africanos que habían escapado de la esclavitud) lo subieron a un árbol enorme. Desde las ramas vio por primera vez el Pacífico y pidió a Dios navegarlo algún día en un barco inglés.

    Grabado de Drake en un óvalo, con dos hemisferios que muestran la ruta de su vuelta al mundo e inscripciones en latín
    Drake entre dos hemisferios con la ruta de su viaje, grabado de Crispijn van de Passe, 1598. Rijksmuseum, Ámsterdam. CC0.

    En diciembre de 1577 zarpó de Plymouth. Oficialmente iba a comerciar a Alejandría. En realidad iba a robar en el Pacífico, que España consideraba su piscina privada y donde nadie esperaba a un inglés. Entre los socios secretos del viaje estaba, según todo indica, la reina. La flota se deshizo por el camino. Al Pacífico entró uno solo, el suyo, el Golden Hind.

    Cacaplata

    El 1 de marzo de 1579, frente a la costa del actual Ecuador, Drake alcanzó al Nuestra Señora de la Concepción, que llevaba la plata del Perú hacia Panamá. Los marineros lo llamaban Cacafuego (el que escupe fuego, un apodo de bravucón). Lo tomó casi sin pelea. En la bodega había trece cofres de monedas, ochenta libras de oro y veintiséis toneladas de plata. Su capitán lo confirmó después ante las autoridades, cifra por cifra. Los robados suelen ser excelentes contables.

    Mientras los ingleses vaciaban la bodega, un muchacho del Cacafuego propuso cambiarles el nombre a los dos barcos. El suyo, que acababa de soltar toda la plata, debía llamarse desde entonces Cacaplata. El de Drake, que era el que de verdad había escupido fuego, se había ganado el Cacafuego. La crónica inglesa cuenta que la ocurrencia los hizo reír durante mucho tiempo.

    Grabado de dos barcos de vela, uno de ellos disparando al otro, en mar abierto
    La captura del Cacafuego en un grabado de principios del siglo XVII. Atribuido a Friedrich van Hulsen. Dominio público.
    Portada impresa del libro The World Encompassed by Sir Francis Drake, de 1628
    The World Encompassed (Londres, 1628), la crónica inglesa del viaje. Cuenta el chiste del Cacaplata. Calla la horca de Colchero. Early English Books, vía Internet Archive. Dominio público.

    Drake tenía ahora dos problemas. El barco, cargado hasta la borda, hacía agua y había que repararlo. Y había que volver a casa: por el estrecho de Magallanes lo estarían esperando. Puso rumbo al norte. En la Isla del Caño encontró algo para cada problema.

    Un viernes frente al Caño

    El martes 17 de marzo de 1579 salió de la boca del río Barranca, el puerto de Esparza, en el golfo de Nicoya, una barca de un tal Rodrigo Tello. Iba a Panamá con maíz, miel, zarzaparrilla, tablones y catorce pasajeros. Dos de ellos eran pilotos que el virrey de México enviaba para la navegación hacia China. Nadie a bordo pensaba en ingleses.

    Mapa en blanco y negro de Centroamérica con la costa del Pacífico abajo, ríos, poblados y el rótulo Costa rica
    La Audiencia de Guatemala en la Descripción de las Indias Occidentales de Antonio de Herrera, Madrid, 1601. En el sur del mapa se leen Costa Rica y Nicoya: el mundo de Rodrigo Tello y del capitán Solano. David Rumsey Map Collection. Dominio público. Ver en alta resolución

    El viernes 20 la barca bajaba por el Pacífico sur, frente a la Isla del Caño, a unos dieciséis kilómetros de la península de Osa. Todo barco que iba o venía del Perú tenía que avistarla. De una ensenada salió una lancha con remos y vela. Cuando vieron que eran ingleses, los de la barca pensaron en los hombres de John Oxenham, un corsario cuya gente andaba perdida por la selva de Panamá. Los de la lancha tocaron trompetas y dispararon al aire. Después dispararon en serio e hirieron a dos soldados. La barca se rindió.

    Detalle de un mapa antiguo coloreado: la costa del Pacífico centroamericano con los rótulos Nicaragua, C. Blanco, Ins. de canno e Ins. de Cocos
    Detalle del mapa de Ortelius: Nicaragua, el cabo Blanco y, frente a la costa, «Ins. de canno». La isla del Caño ya estaba en los mapas antes de que llegara Drake. Abraham Ortelius, diseño de 1570. Dominio público.
    Costa rocosa de la Isla del Caño con palmeras en primer plano y el mar azul con oleaje
    La Isla del Caño hoy, reserva biológica frente a la península de Osa. Peter Andersen, CC BY-SA 3.0.

    La llevaron a la ensenada. Allí esperaba el Golden Hind: unas doscientas toneladas, catorce cañones, ochenta y seis hombres. Al mando, un inglés al que los españoles llamaban Francisco Draque.

    Drake pasó los cañones y los cofres más pesados a la barca de Tello, escoró su barco y lo calafateó por los dos lados. Salió en persona con los pilotos a buscar por la costa una playa donde repararlo a fondo y no encontró ninguna a su gusto. Así que se quedó con la barca. A los prisioneros les explicó que con gusto se la devolvería, pero que su necesidad iba primero, aunque la barca fuera de su propio padre.

    Mientras estaban fondeados, cuenta la crónica inglesa, sintieron un terremoto tan fuerte que el barco tembló como si estuviera en tierra firme. Es, que yo sepa, el primer temblor en Costa Rica descrito por un inglés.

    Entre los prisioneros estaba Alonso Sánchez Colchero, uno de los pilotos de la ruta de China, con sus cartas de navegación. Colchero juró que era casado, que no era piloto y que no entendía de esas cosas. No le sirvió de nada: en el registro de la barca, hecho en Esparza, figuraba como piloto. (Los papeles son lo mejor, salvo para quien aparece en ellos.) Drake le explicó que solo quería que le enseñara el camino a China, le prometió dejarlo allá con mil ducados por las molestias y le dio cincuenta pesos para su mujer.

    Zarpó el 27 de marzo. A la vista del cabo Blanco, en la punta de la península de Nicoya, soltó a los demás en una lancha. Trece españoles llegaron a Esparza el domingo 29, «destrozados, con harta necesidad».

    Página impresa en español del siglo XIX con el título Francisco Drake en el mar del Sur y el inicio de la carta de Juan Solano
    El comienzo de la carta del capitán Juan Solano, fechada en Esparza el 29 de marzo de 1579, tal como la publicó Manuel María de Peralta en 1883. Peralta, 1883, página 569. Internet Archive. Dominio público.

    Ese mismo domingo el gobernador interino, el capitán Juan Solano, escribió a la Audiencia de Guatemala. Describe las armas del inglés, «como traen los ladrones como éste», y cuenta que llevaba como lastre mil doscientas barras de plata. Recoge lo que Drake les dijo: que tenía otros barcos navegando por ahí y que había citado a sus capitanes en Macao y en Goa. (No le quedaba ninguno.) Y acierta en lo importante. Drake se llevaba al piloto, escribe Solano, para ir «házia la China, porque va muy codizioso de oro».

    Fue lo que hizo. En julio, desde California, el Golden Hind se lanzó a cruzar el Pacífico y volvió a Inglaterra por el otro lado del mundo. La primera vuelta al mundo inglesa fue, en buena medida, la ruta de escape de un ladrón que prefirió no volver por donde había llegado. Henry Wagner, que estudió el viaje en 1926, contó la captura de Colchero entre los golpes de suerte más extraordinarios de la expedición: sus cartas le permitieron a Drake saber dónde estaba frente a Asia.

    Mapa del mundo en dos hemisferios con la ruta punteada de la vuelta al mundo de Drake y recuadros en las esquinas
    La vuelta al mundo de Drake según Jodocus Hondius, hacia 1595. La línea punteada sale de Plymouth, dobla el extremo sur de América y sube por la costa del Pacífico, frente a Costa Rica, hasta California. En las esquinas, cuatro escenas del viaje. Library of Congress, colección Kraus de sir Francis Drake. Dominio público. Ver en alta resolución

    El río de la traductora

    ¿Dónde fondeó exactamente? Nadie lo sabe con certeza, lo cual ha permitido que muchos lo sepan.

    Los papeles españoles los publicó en 1883 el historiador costarricense Manuel María de Peralta. En 1914 la estadounidense Zelia Nuttall los tradujo al inglés, y esa traducción es la que cita casi todo el mundo. En ella, un pasajero de la barca declara que Drake descargó la plata «en la orilla del río». Con esa frase se puede construir una teoría sobre algún río de la costa de Osa. Yo la construí, en una primera versión de este artículo. Luego fui al original.

    El pasajero había declarado que Drake «echó á la banda las barras de plata». Echar a la banda, en la jerga de los marineros, es cargar un costado para que el barco se incline y deje el otro fuera del agua. Así se reparaba un casco sin sacarlo a tierra. El río lo puso la traductora, que leyó banda como ribera, que es lo que significa en tierra.

    Solano, leído también en el original, dice que la lancha salió «de una ensenada grande, questá frontera desta isla»: enfrente del Caño, en la costa de Osa, más o menos donde hoy está la bahía que lleva el nombre de Drake. Si pisó la arena, nadie lo anotó.

    Ese nombre no aparece en los papeles de 1579, ni en el libro de Peralta, ni en los derroteros de la Marina estadounidense de 1887 y 1893. La mención más antigua que he encontrado es de 1913, en la traducción inglesa de la historia de la conquista de Ricardo Fernández Guardia. Alguien bautizó la bahía entre una fecha y otra y no dejó firma. (No sería la Corona española, que no acostumbraba poner a sus bahías el nombre de los ladrones que las visitaban.)

    Detalle de una carta náutica británica con la costa de la península de Osa, sondeos de profundidad y los rótulos Caño Is., Sierpe B., S. José Pt. y Gulf of Dulce
    La costa de Osa en la carta náutica 587 del Almirantazgo británico, publicada en 1882 (esta copia lleva correcciones posteriores). La isla es «Caño Is.». Ninguna bahía lleva el nombre de Drake. Oficina Hidrográfica del Reino Unido. Dominio público.
    Playa de arena oscura en Bahía Drake con el mar en calma, cerros verdes al fondo y cielo con nubes
    Bahía Drake hoy. El nombre llegó después; la bahía ya estaba. José R., CC BY 3.0.

    La leyenda, en cambio, goza de buena salud. Drake habría enterrado un tesoro en el Caño, en Corcovado o en la Isla Violín, depende de a quién se le pregunte. En una versión, un holandés pasó meses solo en la Isla Violín, con una escopeta, buscando la cueva que custodia el fantasma del corsario. No consta que la encontrara. Tampoco consta el holandés.

    Drake sí enterró plata, pero en Panamá, en 1573, después de asaltar una recua de mulas, porque no podía cargarla toda. En el Caño tenía el mismo problema y lo resolvió de otra manera: se robó una barca.

    La cuenta

    Colchero pagó su parte. Frente a El Realejo, en Nicaragua, Drake le exigió que lo metiera en el puerto para quemar un barco y ahorcar a un juez. Colchero dijo que nunca había entrado ahí. Lo colgaron dos veces del cuello, hasta dejarlo exhausto. Poco después, ya libre, se lo contó todo a ese mismo juez. La crónica inglesa no menciona a Colchero.

    Cuatro días después de que Drake llegara a Plymouth, el 30 de septiembre de 1580, ahorcaron en Lima a John Oxenham, el corsario con el que la gente de la barca había confundido a la de Drake. Los separaban un océano y cuatro días, que en aquel oficio era la distancia habitual entre la gloria y la soga.

    En 1930 el economista John Maynard Keynes hizo una cuenta famosa: con su parte del botín, la reina pagó la deuda exterior e invirtió lo que sobró en la Compañía de Levante, de cuyas ganancias nació la de las Indias Orientales. Según Keynes, cada libra que Drake trajo en 1580 se había convertido, con interés compuesto, en cien mil. Una parte de esa plata pasó unos días en Costa Rica, corrida de un costado a otro de la bodega.

    Cinco brazas

    Drake murió de disentería en enero de 1596, frente a Portobelo, en Panamá, en su último viaje al Caribe. Pidió que lo vistieran con su armadura. Lo metieron en un ataúd de plomo y lo echaron al mar para que los españoles no pudieran encontrarlo. El ataúd sigue sin aparecer.

    En La tempestad, que Shakespeare escribió unos quince años después, hay una canción sobre un hombre ahogado. Dice que yace a cinco brazas, que sus huesos se han vuelto coral y sus ojos perlas, y que nada de él se desvanece: solo sufre un cambio de mar y se convierte en algo rico y extraño. (En la obra la canción miente. El ahogado está vivo.)

    Página a dos columnas del Primer Folio de Shakespeare con texto de La tempestad
    La canción de Ariel, «Full fadom five thy Father lies», en el Primer Folio de Shakespeare, Londres, 1623. Boston Public Library, vía Internet Archive. Dominio público.

    Es lo que le pasó a Drake en Costa Rica. Una barca de maíz y miel, un piloto, un temblor. Cuatrocientos cuarenta y siete años después tiene una bahía con su nombre, un distrito, hoteles y un tesoro que cambia de isla según quién lo cuente.

    La carta que el capitán Juan Solano firmó en Esparza el domingo 29 de marzo de 1579 está en el Archivo de Indias, en Sevilla, y catalogada en el Archivo Nacional, en San José. Empieza pidiendo perdón porque va a salir larga. Es más corta que la leyenda.

    Referencias

    Fuentes, bibliografía y créditos

    Consultadas entre el 26 y el 27 de setiembre de 2026. Las citas en castellano antiguo vienen de los originales publicados por Peralta en 1883, no de la traducción inglesa de 1914.

    Documentos de la época

    • Juan Solano, gobernador interino de Costa Rica. Carta al licenciado Valverde, presidente de la Audiencia de Guatemala, sobre el corsario Francis Drake. Esparza, 29 de marzo de 1579. Archivo Nacional de Costa Rica, signatura CR-AN-AH-CC-005126. El original está en el Archivo General de Indias, Sevilla, Patronato. Ficha del Archivo Nacional.
    • Jusepe de Parraces, Cornieles Lambert y Alonso Sánchez Colchero. Declaraciones juradas tomadas en Panamá (8 de mayo de 1579) y en El Realejo (15 de abril de 1579). Archivo General de Indias, Patronato.
    • Francis Drake (sobrino), editor. The World Encompassed by Sir Francis Drake. Londres: Nicholas Bourne, 1628. Edición de W. S. W. Vaux, Londres: Hakluyt Society, 1854. Texto completo en Internet Archive.
    • William Shakespeare. The Tempest. En Mr. William Shakespeares Comedies, Histories, & Tragedies. Londres, 1623.

    Colecciones documentales

    • Manuel María de Peralta. Costa-Rica, Nicaragua y Panamá en el siglo XVI: su historia y sus límites. Madrid y París, 1883. Carta de Solano en las páginas 569 a 571; declaración de Parraces en las páginas 585 a 590. Texto completo en Internet Archive.
    • Zelia Nuttall, editora y traductora. New Light on Drake: A Collection of Documents Relating to His Voyage of Circumnavigation, 1577-1580. Londres: Hakluyt Society, 1914. Texto completo en Internet Archive.

    Estudios

    • Harry Kelsey. Sir Francis Drake: The Queen's Pirate. New Haven: Yale University Press, 1998.
    • John Sugden. Sir Francis Drake. Londres: Barrie & Jenkins, 1990.
    • Henry R. Wagner. Sir Francis Drake's Voyage Around the World: Its Aims and Achievements. San Francisco: John Howell, 1926. Internet Archive.
    • Ricardo Fernández Guardia. History of the Discovery and Conquest of Costa Rica. Traducción de Harry Weston Van Dyke. Nueva York: Thomas Y. Crowell, 1913. Original en español: Historia de Costa Rica: el descubrimiento y la conquista, San José, 1905. Internet Archive.
    • Ricardo Fernández Guardia. Crónicas coloniales. San José, 1921.
    • Juan Carlos Solórzano Fonseca y Claudia Quirós Vargas. Costa Rica en el siglo XVI: descubrimiento, exploración y conquista. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica.
    • John Maynard Keynes. "Economic Possibilities for our Grandchildren". 1930. Texto completo.

    Referencias en línea

    • Municipalidad de Osa, distrito de Bahía Drake: gobiernolocalosa.go.cr
    • SINAC, Reserva Biológica Isla del Caño: sinac.go.cr
    • U.S. Hydrographic Office, derrotero de la costa occidental de México y Centroamérica (1887): archive.org
    • Drake Exploration Society, la búsqueda del ataúd de plomo: indrakeswake.co.uk
    • National Geographic, Pirates: Behind the Legends, «Francis Drake: World's Most Controversial Pirate» (2024), episodio completo: youtube.com
    • La circunnavegación de Drake, tripulación a la salida y al regreso: en.wikipedia.org
    • CNN (2011), la búsqueda de los restos de Drake en Portobelo: cnn.com

    Créditos de las imágenes

    • Marcus Gheeraerts el Joven, Sir Francis Drake, 1591. National Maritime Museum, Greenwich. Dominio público. Wikimedia Commons.
    • Escuela inglesa, Isabel I, el Retrato de la Armada, hacia 1588. Queen's House, Royal Museums Greenwich. Dominio público. Wikimedia Commons.
    • Crispijn van de Passe el Viejo, retrato de Francis Drake, 1598. Rijksmuseum, Ámsterdam (RP-P-1938-591). CC0. Wikimedia Commons.
    • Pedro Cieza de León, Parte primera de la Chronica del Peru, Sevilla, 1553, grabado «Cerro de Potosí». John Carter Brown Library. Dominio público. Internet Archive.
    • Sofonisba Anguissola, Felipe II, 1573. Museo del Prado, Madrid. Dominio público. Wikimedia Commons.
    • Jodocus Hondius, Vera totius expeditionis nauticae, Ámsterdam, hacia 1595. Library of Congress, colección Kraus de sir Francis Drake. Dominio público. Wikimedia Commons.
    • Atribuido a Friedrich van Hulsen, La captura del Cacafuego, principios del siglo XVII. Dominio público. Wikimedia Commons.
    • The World Encompassed by Sir Francis Drake, Londres: Nicholas Bourne, 1628, portada. Dominio público. Internet Archive.
    • Antonio de Herrera y Tordesillas, Descripción del Audiencia de Guatimala, Madrid, 1601. David Rumsey Map Collection. Dominio público. Wikimedia Commons.
    • Abraham Ortelius, Americae sive Novi Orbis, nova descriptio, diseño de 1570; portada y detalle. Dominio público. Wikimedia Commons.
    • Peter Andersen, View from Isla del Caño, 2004. CC BY-SA 3.0. Wikimedia Commons.
    • Manuel María de Peralta, Costa-Rica, Nicaragua y Panamá en el siglo XVI, Madrid y París, 1883, página 569. Dominio público. Internet Archive.
    • Oficina Hidrográfica del Reino Unido, Burica Point to Mangrove Bluff, carta del Almirantazgo número 587, Londres, 1882; detalle. Dominio público. Wikimedia Commons.
    • José R., Bahía Drake. CC BY 3.0. Wikimedia Commons.
    • William Shakespeare, Mr. William Shakespeares Comedies, Histories, & Tragedies, Londres, 1623, The Tempest. Boston Public Library. Dominio público. Internet Archive.

    Narración con voz sintética (Melissa, ElevenLabs v3). Texto verificado contra los documentos originales; lo que no se pudo confirmar está dicho en el propio texto.