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    Archivo periodístico · Revista Paquidermo

    María Luisa Ávila: "El enamoramiento es una disfunción cerebral"

    Entrevista con la Dra. María Luisa Ávila-Agüero, Ministra de Salud de Costa Rica (2006–2011)

    25 de abril, 2010· 20 min lectura· Hotel Grano de Oro, San José

    Nota del autor · 2026

    Publiqué esta entrevista en abril de 2010, cuando tenía 24 años y colaboraba con Revista Paquidermo, una publicación cultural y política en Costa Rica. La Dra. María Luisa Ávila-Agüero era entonces Ministra de Salud, una de las funcionarias más populares y polémicas del gobierno de Oscar Arias.

    Lo que no sabía en ese momento era que esta entrevista cambiaría la trayectoria de mi carrera. Poco después, pasé de ser periodista a ser Asesor del Ministerio de Salud, luego Gerente de Marketing en Establishment Labs (la empresa detrás de los implantes Motiva®), y eventualmente a fundar FLOW Results, una agencia especializada en marketing médico.

    Dieciséis años después, sigo trabajando con cirujanos plásticos, dermatólogos y clínicas estéticas en México, Costa Rica y Colombia. Todo empezó aquí.

    Entrevista por

    Roberto Echeverría Cárdenas

    Fotografía de Esteban Chinchilla

    Revista Paquidermo · Abril 2010

    Julio Rodríguez, don Beto, Helio Gallardo, Oscar Arias, Laura Chinchilla, Oscar López, Luis Chaves, gente de izquierda, de derecha, anarquistas. Todos la quieren. ¿Qué se siente?

    Viera que se siente muy bien. Me da más fuerza para hacer mejor mi trabajo. Le soy muy honesta, como pediatra estoy acostumbrada a recibir manifestaciones de cariño por mi trabajo. Los papás de los chiquitos, incluso cuatro años después, me siguen escribiendo, llamando, saludando, mandándome fotos de sus hijos, preguntándome si voy a regresar al hospital. Creo que el hecho de conocer a tantas personas de diferentes medios es lo que me ha permitido «sobrevivir en política». Me ubica en un contexto muy real. Y porque a pesar de que estoy consciente de que lo que tengo es un puesto político (sería iluso decir que esto no es un puesto político), siento que no lo ejerzo tanto como política sino más como médica y como técnica. Yo me siento, 4 años después, más médica que política.

    «Hay momentos para recitar poesías y hay momentos para el boxeo», dice Roberto Bolaño. Su mejor defensa es el ataque. ¿Quién le enseñó eso en este país tan pendejo?

    Ja, ja, ja. Sí, mi crianza fue muy abierta y se me permitía expresarme con libertad. Yo prefiero ser una peleona que si me atacan ataco. Si soy atacada ¿por qué no voy a atacar? ¡Diay!

    Yo veo que aquí prefieren andarse por las ramas.

    Es que es cálculo político. Usted sabe que en esta vida uno debe pensar en lo peor que le puede pasar. En estos cuatro años, ¿qué era lo peor que me podía pasar? Yo no estoy metida en ningún negocio ilegal, no me pueden meter a la cárcel, que es lo peor que le puede pasar a una persona. ¿Qué es lo peor que puede pasar entonces? ¿Qué era? Que don Oscar me dijera: «Vea, ya no me sirve. Váyase.» Yo le diría: «Bueno, muchísimas gracias.» Y listo, me iba al hospital a trabajar. No pierdo nada.

    Ahora con el tema de la UCR, y el conflicto del Clodomiro Picado. Muy raro eso. Los problemas de familia se arreglan en casa, y eso fue lo que hicieron ayer usted y la rectora. Arreglaron todo. ¿Qué pasó?

    A la UCR yo le tengo mucho cariño, es mi alma mater. El tema aquí es simple: tenía que defender también los intereses del Ministerio de Salud. Con doña Yamileth llegamos a un acuerdo que respetaba los intereses del Ministerio de Salud y de la UCR. Sobre el conflicto se lo digo claro: es con el abogado Baudrid, de la rectoría. No dio una buena asesoría y cambió los hechos. «Quédense con el Clodomiro pero denme la capacitación». Eso fue lo que siempre quise. Y en eso terminó todo. Ganaron las dos instituciones y por ende el país.

    Usted parece que no calcula, responde antes de calcular. Parece que no sabe titubear. Dice lo que quiere, a quien quiere, cuando y como le da la gana. ¿Quién se cree?

    Ja, ja, ja. Eso es parte de mi formación como médica. Trabajé en cuidado intensivo y, después de que me gradué de pediatra, trabajé un año en emergencias. Ahí aprendí a tomar decisiones rápido.

    Su política es de emergencias, entonces.

    Exactamente, una política de emergencias. Allí usted se enfrenta a situaciones en donde no hay tiempo de titubear porque el paciente se le muere. En política es igual. Usted tiene que tomar una decisión rápido, basadas en evidencias y en conocimiento. Yo soy pediatra y cuando me consultaron por el tema de la Ley de Sociedades de Convivencia, realmente yo lo que me dediqué fue a estudiar. Bajé artículos científicos, hablé con personas que ya habían pasado por decisiones de este tipo, me hice un marco de referencia y me di cuenta de que en sociedades más abiertas las personas tienen mejor salud. Menos tendencia al suicidio, a la depresión, al consumo de psicofármacos, a enfermedades de transmisión sexual. Yo no me puedo oponer a eso. Desde el punto de vista científico era adecuado.

    ¿Por qué cree entonces que doña Laura se opone a este proyecto?

    No, doña Laura no se opone. La han malinterpretado. Ella incluso dijo que estaba totalmente de acuerdo con los derechos de las personas homosexuales. En el sentido estricto, el matrimonio civil no es un matrimonio. Entonces, ella no se opone. Lo que pasa es que no lo considera prioridad. Es su opinión. Ella nunca me ha dicho «la próxima vez que la entrevisten usted diga que no está de acuerdo».

    ¿Cómo conoció a Oscar Arias?

    No me lo va a creer: el día que me dio trabajo. Yo estaba en el hospital y me llamó directamente: «Dra. Ávila, le habla Oscar Arias. ¿A qué hora sale del trabajo hoy?» Quedé enclochada, ja, ja. Esa misma tarde llegué a la casa de don Oscar y aún dudaba si era cierto, porque los pediatras somos los menos serios de los médicos, pasamos haciendo bromas, y yo pensé que esa era una muy buena. Por suerte no. Me recibió en su biblioteca ese día. A don Oscar le agradezco mucho esta oportunidad y la confianza que me ha dado. El Dr. Edgar Mohs fue quién me recomendó. Con ambos tengo una deuda moral de hacer las cosas bien, por la confianza depositada en mí. A ambos les tengo gran admiración y respeto.

    Cuando tiene dudas sobre qué hacer en política, ¿a quién pide consejo?

    Viera que el asunto ha sido que a lo largo de este tiempo no he tenido dudas entre comillas «políticas». Con don Oscar he tenido la política de que entre menos lo molesto pues mejor. Él también es muy abierto. Las dudas que he tenido son siempre técnicas, y para eso me apoyo en cuadros técnicos. Don Oscar me dio mucha libertad. Por ejemplo, cuando cerramos el Allegro Papagayo, don Oscar se dio cuenta por la prensa. Me llamó y me dijo, mirá ¿qué fue lo que le pasó a esa gente? Tal y tal cosa don Oscar. Está bueno, cerralos. No podemos permitir eso. La única vez que lo llamé antes de la decisión fue con la Romería, ya que desde el punto de vista de manejo de la pandemia era lo que había que hacer, pero por ser una tradición tan arraigada en el pueblo y por ende ser tan importante, era necesario que el Señor Presidente me diera su aval, como efectivamente ocurrió.

    ¡Eso es una cosa que no tiene precedentes históricos!

    Ni me lo recuerde que me siento mal. (Se encoge de hombros, se nota acongojada aún.)

    ¿Cómo fueron esos días?

    Ya le veníamos dando vuelta. Me reuní con los sacerdotes de la Curia y comentamos todo y ellos estuvieron de acuerdo. Fue una decisión dura, muy pensada. Y bueno, como gracias a Dios nos fue bien, mucha gente dice que no había nada. Pero es porque no tienen la cultura de la prevención. Si nos hubiera ido mal ahora dirían que somos unos inútiles que no hicimos lo que teníamos que hacer. Mucha gente se ofendió. Yo tal vez no soy católica tan practicante, pero sí creo en Dios. Mi abuela Celia y mi mamá Evelia decían: en esta vida nada se mueve sin la voluntad de Dios. Así que dije, Dios mío... si esto es lo mejor para el país ayúdame a decidirme y no tener dudas. Y lo expuse y eso fue bueno. En términos comparativos nos fue muy bien aquí.

    ¿Tiene intención de seguir en política largo tiempo?

    Vea, no es un tema que me pase pensando. La verdad me ha gustado. Es una excelente oportunidad para hacer cosas buenas. Estoy orgullosa de muchas cosas y ahora estoy emocionada de que puedo seguir haciendo cosas que hacen falta concluir. Quedarme no es un tema que me desvele. Si no soy lo que doña Laura esperaba de acuerdo con su visión de lo que debe ser el gobierno, pues yo me voy, no hay ningún problema. Y si en el futuro tengo otras oportunidades políticas, pues bien.

    Me gustó lo que puso el día antes de las elecciones, en Twitter. «Estoy harta de la mezquindad política. Confieso que Eva Carazo sería una excelente diputada». ¿Qué otras cosas de la política la hartan?

    Sobre todo la mezquindad. La incapacidad de reconocer si alguien está haciendo un buen trabajo. Otra de las cosas terribles es cuando la gente ve que una figura está surgiendo y trata de reducirla, ya sea dentro o fuera del partido. Esa es una de las cosas que yo sentí en los últimos 22 días antes de que doña Laura me ratificara en mi nombramiento. Nunca había tenido ataques en 4 años, y en esos 22 días fueron muchísimos. La gente percibió que había un claro interés en desprestigiar mi trabajo, y a mí como persona, para que yo saliera del campo político.

    Hans Magnus Enzensberger resumía algunos rasgos de la «clase política»: prevalencia de la medianía, incapacidad de juicio, pensamiento a corto plazo, aferramiento al poder…

    Yo confío y creo en la necesidad de que la gente nueva que se va metiendo a política tenga una forma diferente de hacer las cosas. Necesitamos que cada vez más gente decente y capaz no le huya al espacio político, que los asuma. Si no los asumen, esos espacios se los dejan a la gente que se mete en política para hacer chorizo y para hacer mal las cosas.

    La mejor manera de acordarse de las cosas es decir la verdad. Entonces, si miento, y luego cambio de versión se me hace un enredo. Cuando digo la verdad no tengo que hacer tanto esfuerzo por acordarme. A la gente a veces no le gusta lo que yo les digo. Pero, ¿qué queda? No les estoy mintiendo, es la verdad… le digo que ha sido interesante estar en política. No me arrepiento de quedarme estos cuatro años con Don Oscar. Ha sido casi un doctorado, me ha cambiado mucho la visión de la vida, pero no mi esencia como persona.

    Suena "No Volveré". Hay vino en la mesa. La conversación cambia de tono.

    Séneca le decía a Lucilo: recuerda que todo exceso es malo. Pero el más malo es el exceso de moderación. ¿En qué excesos incurre la Ministra de Salud para mantenerse moderada?

    Creo que soy moderada. Raramente usted va a verme tomando más de la cuenta, o excediéndome en algo… Si estoy en una fiesta puede que me tome un poquillo más de vino de lo que recomiendan las autoridades en salud. Si estoy en una reunión de trabajo procuro que no pase. No hay nada más ridículo que alguien mal tomado. Yo la verdad tengo tendencia a la tranquilidad. Si estoy demasiado estresada me voy para una cabañita que tenemos en San José de la Montaña, un lugar muy apacible.

    ¿Le parece saludable estar enamorado?

    El enamoramiento es una disfunción cerebral, una alteración de los neurotransmisores. Hay estudios que muestran que en las primeras fases del enamoramiento, cuando usted oye maripositas y grillitos y toda la cosa, si usted compara ese cerebro con el de un esquizofrénico va a ver que son similares. Por eso es que el amor luego baja de intensidad. El organismo no puede soportar tanta intensidad durante mucho tiempo. Sin embargo vale la pena, sentir esa emoción sin igual del amor.

    Una cosa que tienen en común Garnier y usted es que ambos están a cargo de lo que en lenguaje técnico se llama «Ministerios Jodidos». ¿Qué tipo de resistencias se ha encontrado en el ministerio?

    Es más jodido el MEP. Yo creo que el Ministerio de Salud, por ser una institución de salud, la jerarquía se respeta mucho. De una manera jocosa le diría que si usted va al ministerio y yo le digo que se tire del quinto piso, usted no me va a decir «pero cómo se le ocurre, va contra mis derechos laborales, bla bla». Usted me diría: «disculpe señora ministra: ¿A dónde quiere que caiga? ¿A la derecha o a la izquierda? ¿De cabeza?» Bueno, y mientras va al quinto piso va refunfuñando, llama por el celular al sindicato y me acusa anónimamente de que soy una desalmada y antes de caer manda el recurso de amparo. Es un comportamiento muy pasivo-agresivo muy típico de aquí.

    Pero le soy honesta, Roberto, yo no he sentido en el ministerio tanta resistencia. Sin embargo los jerarcas de instituciones tenemos que dejar de creer que porque damos una orden se obedece inmediatamente, eso no pasa, por ende se le debe dar seguimiento a los asuntos en la institución muy de cerca y basarse en rendición de cuentas. Hay que tener actitud «enzimática», o sea estar encima de las cosas.

    ¿Qué es la salud?

    Bien visto, la salud no es solamente no estar enfermo. Ir a la esquina, al Ebais, a que me traten y listo. La salud es algo integral. Depende de los estados de ánimo. Depende del ambiente, del entorno, de las condiciones sociales, de las relaciones familiares y afectivas… abarca mucho. Personas que han sufrido un estrés enorme, estrés durante tiempo sostenido, tienen una mayor tendencia a desarrollar cáncer. Si usted se reprime, la represión le cuesta caro. La salud se basa y se sustenta en determinantes y estos determinantes deben ser identificados y manejados para lograr una mejor salud global.

    Hay que saber cuándo enojarse, claro. La tolerancia se puede confundir con la cobardía.

    Recordá la frase de Burke: «Hay momentos en los que la tolerancia deja de ser una virtud».

    :: CODA ::

    Ya no tengo más preguntas, doña María Luisa, así que le voy a ofrecer trabajo. Pronto tendré una pelea de boxeo y estoy buscando médico. ¿Está interesada?

    Acepto. Eso sí, no me pase la toalla porque la tiro en el primer round. Me parece salvaje.

    Si usted la tira sería considerado otra clausura. Hay que entender el boxeo desde dentro.

    Probablemente, pero me parece brutal.

    No se trata de golpear, sino de no ser golpeado.

    Claro, pero en algún momento uno cae noqueado.

    Da lo mismo. En boxeo se crean vínculos afectivos, una confianza secreta, un respeto del cuerpo. Yo entrené con el guardaespaldas de su jefe, Oscar Arias.

    ¿De veras?

    Sí, me enseñó mucho. Mi abuela está con usted, dice que me van a reventar la nariz.

    Yo también le puedo recomendar un buen cirujano plástico para después. Ja, ja.

    Claro, si me la quiebran y me la arregla un cirujano recomendado por usted me hacen un favor.

    A mí me quebraron la nariz, jugando squash. Fue error mío porque me le metí detrás del raquetazo. ¡Paaahh! Pero bueno. Me parece salvaje el boxeo. Allá usted. Yo acepto. No lo censuro ni lo clausuro.

    Puntaje Final

    Ministra de Salud

    2 copas de Merlot · Mucha agua · Espresso doble

    Corresponsal Paquidermo

    1 Martini de espera · 4 copas de Pinot Noir

    Tabla de quesos · Hotel Grano de Oro, San José